Framework: un reto para la gestión de la calidad

En cualquier proyecto que abordemos, incluso en las tareas de la vida diaria, nos enfrentamos a muchos retos que se presentan de forma implícita.

Sin embargo, cuando se trata de ingeniería, es necesario aplicar ciertos conceptos que nos permitan planear, garantizar y medir el resultado final de un objetivo determinado y por consiguiente, de un proyecto.

Generalmente, dentro del ámbito de la ingeniería de sistemas, más específicamente en la gestión de calidad, los participantes de los proyectos se encuentran cara a cara con retos  y experiencias para poder lograr la satisfacción de todos: el tiempo, trabajo en equipo, la administración del proyecto mismo y la actualización permanente del conocimiento.

Cuando sumamos estos aspectos, vemos como esencial tomar un marco de referencia para poder seguir algún lineamiento como guía durante la vida del proyecto y llegar a finalizarlo con éxito.

Para la gestión de la calidad de procesos y productos/servicios existen varios marcos de referencia que pueden ser aplicables de acuerdo al grado de complejidad de un proyecto y al modelo de gestión y administración de la empresa o compañía que lo asuma: COBIT, ITIL, CMMI,  Normas ISO, entre otros, son algunos de estos marcos o comúnmente conocidos como “Frameworks”.

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Al momento de tomar una decisión sobre cuál de estos modelos implementar en una empresa determinada, la gerencia se enfrenta con un gran dilema: Costos vs. Beneficios.

En el mercado actual, se observa que muchas compañías eligen un modelo como requisito por continuar compitiendo, o simplemente es elegido porque está de moda. Esto es un grave error.

Esta postura es muy tentadora, ya que a una empresa aparentemente le bastaría con mostrar el certificado de un nivel logrado sobre el marco seleccionado. Las consecuencias de irse por el camino fácil, de nuevo son devastadoras: productos de mala calidad, clientes insatisfechos, empleados saturados de trabajo, desmotivación organizacional, pérdida de imagen y finalmente el cierre de la compañía.

Del otro lado, para la gerencia es fundamental seleccionar un modelo teniendo claridad sobre cuál es el objetivo principal de su compañía y analizar el siguiente aspecto: existe verdaderamente una necesidad que justifique la inversión para la adopción de un marco de trabajo determinado y si el beneficio es justificable de acuerdo al tipo de la necesidad que se tenga.

Seguidamente, es recomendable que la empresa se haga las siguientes preguntas ¿Luego de implementar este modelo, podremos sostenerlo a largo plazo?  ¿La estructura y la cultura de nuestra organización está preparada para adaptarse a este cambio?

Un aspecto que no se puede perder de vista como esencia en este contexto, es precisamente la creación de una nueva cultura organizacional: sin ello, el marco implementado perdería credibilidad y ninguna de las partes serían beneficiadas.

Para finalizar podría afirmarse que las personas que laboran a diario para sostener los procesos de la compañía deben estar compenetradas con el nuevo esquema de trabajo para poder mantener una constante de éxitos y amortiguar los momentos de crisis, apoyados permanentemente con una gerencia comprometida.

De nada sirve que la gerencia tenga colgado un certificado en la recepción como vitrina, si al interior de la compañía reina el caos y la desmotivación.

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