Mientras muchas organizaciones siguen viendo Bre-B como un proyecto de pagos, las empresas más visionarias ya entendieron que estamos frente a algo mucho más profundo: la creación de una nueva infraestructura digital para la economía colombiana.
Un reporte reciente sobre el futuro de la banca latinoamericana coincide, casi palabra por palabra, con lo que Q-Vision Technologies lleva años observando desde dentro de los proyectos: la falta de método para tocar la tecnología sin romperla es el principal reto del sector financiero.
Los agentes de IA pueden revisar información, tomar decisiones, activar flujos y apoyar procesos complejos. Sin embargo, también deben responder bien ante datos incompletos, sistemas caídos, escenarios no previstos, exigencias regulatorias y errores que pueden afectar al negocio.

Cuando se habla de Bre-B, la conversación suele quedarse en las transferencias inmediatas, los códigos QR o las famosas "llaves".
Sin embargo, reducir Bre-B a una nueva forma de mover dinero es tan limitado como pensar que Internet nació únicamente para enviar correos electrónicos.
Lo que está ocurriendo en Colombia es una transformación estructural. El sistema financiero, los reguladores, las fintech y los grandes actores tecnológicos están construyendo las bases para que los pagos, los datos y los servicios digitales puedan intercambiarse en tiempo real bajo reglas comunes de interoperabilidad.
Por eso, la pregunta estratégica ahora es: ¿Está mi organización preparada para operar en una economía interoperable?
Durante años, la modernización digital del país avanzó por múltiples caminos paralelos.
Por un lado, las entidades financieras impulsaron la digitalización de productos y canales. Por otro, las fintech aceleraron la innovación. Paralelamente, el regulador comenzó a crear las condiciones para una mayor competencia, inclusión financiera e intercambio seguro de información.
Hoy esos caminos están convergiendo.
Tres movimientos regulatorios y tecnológicos están redefiniendo el ecosistema:
Lo que conecta estos tres movimientos no son los pagos, ni los bancos, tampoco la regulación. Son las APIs.
Porque toda organización que quiera participar en este nuevo ecosistema deberá poder intercambiar información y servicios de manera segura, auditable y estandarizada.
Durante décadas las organizaciones construyeron ventajas competitivas alrededor de sistemas robustos, procesos propios y grandes repositorios de información. Pero el escenario está cambiando.
En un entorno de pagos inmediatos y finanzas abiertas, tener información ya no es suficiente. La ventaja competitiva surge cuando su organización puede compartir datos autorizados, consumir servicios externos, incorporar nuevos aliados rápidamente, crear ecosistemas digitales y lanzar nuevos productos sin rediseñar toda su arquitectura.
En otras palabras, las organizaciones más competitivas serán aquellas que desarrollen mayores capacidades de interoperabilidad.
La historia empresarial demuestra que los cambios regulatorios suelen generar dos tipos de organizaciones:
La diferencia entre unas y otras será enorme. Porque Bre-B y Open Finance no solamente habilitan nuevos mecanismos de pago o intercambio de datos, también habilitan experiencias financieras embebidas, pagos integrados en plataformas digitales, procesos de vinculación más ágiles, nuevos modelos de crédito, servicios personalizados, automatización financiera en tiempo real.
Pero ninguna de estas oportunidades puede existir si la organización tarda meses o años en conectar un nuevo servicio, un nuevo aliado o una nueva fuente de información.
Mientras el mercado habla de la regulación, los verdaderos retos están ocurriendo dentro de las arquitecturas corporativas.
Desafío 1: Gobierno API
Exponer servicios es relativamente sencillo, pero gobernarlos es otra historia. Las organizaciones deberán resolver preguntas complejas:
Desafío 2: Sistemas legados
Esta es probablemente la conversación más importante y menos visible. Muchas organizaciones operan sobre core bancarios históricos, plataformas AS/400, sistemas propietarios, aplicaciones monolíticas, soluciones altamente personalizadas; y la regulación no está exigiendo reemplazarlas. Exige que puedan interoperar.
Las organizaciones que entiendan esto evitarán inversiones multimillonarias innecesarias y enfocarán sus esfuerzos en construir capas modernas de integración.
Desafío 3: Operaciones en tiempo real
Los modelos batch fueron diseñados para un mundo donde las transacciones podían esperar. Bre-B cambia esa lógica.
Cuando los pagos ocurren en tiempo real, los procesos de negocio también deben evolucionar: validaciones, conciliaciones, monitoreo, trazabilidad, gestión de excepciones. La transformación deja de ser un proyecto de canales digitales y se convierte en una transformación operacional.
En Q-Vision hemos tenido la oportunidad de participar en iniciativas que reflejan exactamente los desafíos que hoy enfrenta el mercado
La interoperabilidad requiere mucho más que APIs
En proyectos de infraestructura de pagos interbancarios participamos en la evolución de modelos batch hacia arquitecturas completamente en tiempo real, conectando múltiples entidades financieras, mecanismos de validación y procesos de conciliación operacional. La interoperabilidad no se consigue exponiendo servicios, se consigue orquestando ecosistemas.
Modernizar no siempre significa reemplazar
En el sector cooperativo desarrollamos una capa de integración que permitió conectar un core AS/400 con esquemas modernos de pagos digitales sin intervenir el núcleo operativo existente.
Su organización no necesita destruir lo que funciona, necesita construir puentes hacia el nuevo ecosistema.
Open Finance es también un reto para sectores no bancarios
En el sector asegurador hemos trabajado en la apificación de procesos críticos, motores de reglas de negocio y modernización de capacidades que tradicionalmente operaban en plataformas cerradas. Esta experiencia resulta especialmente relevante en un escenario donde la apertura, el intercambio de información y la interoperabilidad dejarán de ser temas exclusivos de la banca.
Ocurrirá lo mismo que pasó con Internet, la nube o los smartphones. La tecnología dejará de ser noticia porque se convertirá en infraestructura.
Lo que hoy su organización debe evaluar es si mañana necesitara conectarse con diez nuevos actores del ecosistema, compartir información de forma regulada, consumir servicios externos y operar en tiempo real... ¿su arquitectura actual podría hacerlo?
Las empresas que puedan responder afirmativamente estarán listas para competir.
Las que no, descubrirán muy pronto que la regulación solo buscaba impulsarlas a la interoperabilidad.
Es la primera gran evidencia de un cambio mucho más amplio: la transición hacia una economía donde pagos, datos, servicios, plataformas e inteligencia artificial interactúan sobre infraestructuras abiertas, interoperables y en tiempo real.
Y en ese nuevo escenario, las organizaciones que prosperarán serán las que sepan conectarlos.
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