El 10 de septiembre, desde Q-Vision Technologies nos reuniremos a conversar sobre todo lo que está sucediendo en la región Latinoamericana sobre pagos inmediatos y cómo Panamá puede anticiparse antes su propia transición hacia la interoperabilidad total.
Un reporte reciente sobre el futuro de la banca latinoamericana coincide, casi palabra por palabra, con lo que Q-Vision Technologies lleva años observando desde dentro de los proyectos: la falta de método para tocar la tecnología sin romperla es el principal reto del sector financiero.

Panamá ya normalizó el pago instantáneo. "Yappéame", "mándame un Yappy", "¿aceptan Yappy?" son frases que cualquier panameño reconoce, y no es casualidad: la plataforma de Banco General ya suma más de 1.6 millones de afiliados y opera en más de 28 mil comercios. Pero Yappy no está sola. Kuara conecta a Global Bank, Banesco y MMG Bank (y pronto a Banistmo), Nequi opera desde Banistmo, y Zinli tiene detrás a Banco Mercantil.
El país tiene, en otras palabras, varios ríos de pago instantáneo corriendo en paralelo. El problema es que, entre uno y otro, la promesa de "inmediato" todavía se rompe.
Javier Carrizo Esquivel, Gerente General del Banco Nacional de Panamá, lo explicó con una imagen sencilla durante la presentación del Informe de Sostenibilidad 2025 de la entidad: el objetivo es que cualquier persona pueda tener su cuenta en un banco y su billetera electrónica en otro, y aun así transferir de forma inmediata, sin que la entidad emisora importe.
Hoy eso no pasa siempre. Yappy, Kuara, Nequi y Zinli interoperan bien puertas adentro de su propia red, pero un usuario de Kuara no envía en tiempo real a un usuario de Zinli. Por eso el Banco Nacional trabaja en la construcción de un riel público que complemente el riel privado existente, con miras a incluir no solo a los bancos que ya participan de ese "club financiero", sino también a fintechs emergentes, cooperativas y financieras que hoy quedan fuera de la conversación.
El Banco Nacional puede asumir ese rol gracias a su Ley Orgánica, que lo designa como rector del sistema de pagos del país.
El otro cambio de fondo está en el sistema de Liquidación Bruta en Tiempo Real (LBTR), el mecanismo a través del cual se procesan las transferencias inmediatas desde dispositivos móviles. Ese esquema empezó con tres sesiones diarias, subió a cuatro y hoy opera con cinco, lo suficiente para que una transferencia de un viernes ya se procese hasta las 5:00 p.m., en lugar de quedar represada hasta el lunes.
La meta declarada del Banco Nacional es que ese esquema termine operando 24 horas al día, los 7 días de la semana, con todas las entidades del sistema incluidas. Ese salto de sesiones programadas a operación continua es, en esencia, el mismo salto técnico que ya vivieron otros países de la región al migrar de procesos batch a arquitecturas transaccionales en tiempo real.
La interoperabilidad total no es solo una mejora de experiencia para quien ya tiene cuenta bancaria. Es, para una parte importante de la población panameña, la puerta de entrada al sistema financiero formal.
Con cerca del 47% de la población económicamente activa todavía en la informalidad (según el INEC), cada transacción digital que hoy se hace por QR o transferencia; incluso la de un vendedor de comida en una esquina que antes solo aceptaba efectivo, empieza a construir un historial que antes no existía. Ese historial puede, con el tiempo, convertirse en el primer respaldo de crédito de alguien que nunca calificó como sujeto de financiamiento.
A eso se suma la confianza: según el estudio "Estado de la Digitalización e Inclusión Financiera" de Mastercard (2026), el 87% de los panameños consultados confía en que los pagos digitales protegen su dinero y sus datos. Esa confianza es, en buena parte, lo que sostiene la adopción masiva que ya tienen Yappy y sus competidores.
Panamá no es el primer país de la región en enfrentar este reto. Colombia lo vivió con Bre-B: en apenas cinco meses desde su lanzamiento, el sistema procesó más de 500 millones de transacciones y superó los 100 millones de claves de pago registradas, según cifras del Banco de la República.
Ese crecimiento no fue solo un logro regulatorio. Detrás hubo bancos que tuvieron que conectar infraestructuras que nunca se diseñaron para operar en tiempo real, cooperativas que necesitaban exponer procesos que antes vivían aislados en el core, y equipos de tecnología que tuvieron que probar, bajo presión de tiempo, que todo eso funcionara sin fallar.
Q-Vision Technologies acompañó parte de ese proceso: integrando un core bancario legado (AS/400) con una plataforma de giros digitales sin modificar el sistema legado, y transformando infraestructura de pagos interbancarios de procesos batch hacia transacciones 100% en tiempo real. Es, casi punto por punto, el mismo camino que Panamá está empezando a recorrer con su riel público y su ruta hacia el LBTR 24/7.
Cuando el riel público del Banco Nacional entre en operación, va a conectar de golpe a bancos, fintechs, cooperativas y financieras que hoy operan con lógicas e infraestructuras distintas. La experiencia de la región: Colombia con Bre-B, entre otros; muestra que ese momento de conexión masiva es, también, el momento de mayor riesgo de fallas de interoperabilidad, seguridad y cumplimiento.
La pregunta que le queda a cada entidad panameña es si, cuando llegue la implementación del riel público, su infraestructura ya está probada o si la va a probar en producción, al mismo tiempo que todas las demás.
El 10 de septiembre, desde Q-Vision Technologies nos reuniremos a conversar sobre todo lo que está sucediendo en la región Latinoamericana sobre pagos inmediatos y cómo Panamá puede anticiparse antes su propia transición hacia la interoperabilidad total.
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Jueves 10 de septiembre · 11:00 a.m. (Hora Panamá)
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