El reto de la banca colombiana ya no es conectarse a Bre-B. Es sostener la operación cuando millones de transacciones dependen de que todo funcione, todo el tiempo.
Los agentes de IA pueden revisar información, tomar decisiones, activar flujos y apoyar procesos complejos. Sin embargo, también deben responder bien ante datos incompletos, sistemas caídos, escenarios no previstos, exigencias regulatorias y errores que pueden afectar al negocio.
En muchas organizaciones de Latinoamérica, la conversación sobre infraestructura tecnológica se ha vuelto incómoda porque las condiciones del mercado han cambiado de forma significativa y las decisiones que se evitaron hace dos o tres años hoy pesan con más fuerza.

Llevo 22 años acompañando a las principales entidades financieras de Colombia, y he aprendido a reconocer cuándo una conversación técnica deja de ser una tendencia para convertirse en una decisión de negocio. Bre-B es ese momento. No es “un proyecto más de medios de pago”: es el cambio de reglas más profundo que ha vivido el sistema financiero colombiano en una década.
Y lo digo después de haber estado dentro de la sala. Hace pocas semanas estuve en el PayTech, escuchando directamente a la líder de Bre-B del Banco de la República explicar lo que viene. Salí de ahí con una certeza incómoda: la mayoría de las entidades están mirando la integración, y muy pocas están mirando lo que realmente les va a doler, que es sostener la operación bajo presión.
Conectarse a Bre-B fue la primera fase, y muchas entidades la resolvieron a marchas forzadas. Pero la adopción se disparó más rápido de lo que casi nadie proyectó. En menos de ocho meses de operación, el sistema ya acumula cerca de 35 millones de usuarios vinculados, más de 105 millones de llaves registradas y un volumen que superó las 780 millones de transacciones, con días que rozan los 5 millones de operaciones.
Esos números cambian la naturaleza del problema. Cuando un sistema mueve millones de operaciones diarias, 24 horas al día, 7 días a la semana, incluyendo festivos, la pregunta deja de ser “¿funciona?” y pasa a ser “¿funciona siempre, bajo cualquier carga, sin caerse?”. En pagos inmediatos, la disponibilidad del 99,99% dejó de ser un lujo de arquitectura para convertirse en el nuevo estándar competitivo. Cada minuto de indisponibilidad es dinero que no se mueve, confianza que se pierde y un cliente que vuelve al efectivo
En pagos inmediatos no se compite por tener la función. Se compite por que la función no falle. Y eso no se prueba en producción: se prueba antes.
La conversación en el Banco de la República fue clara: esto apenas empieza. La segunda fase amplía el alcance del sistema con nuevos actores y servicios. Entre lo que ya está en marcha para este año está la habilitación de retiros en tiempo real desde fiduciarias, la masificación de los pagos con código QR entre personas y la incorporación de nuevos jugadores, incluidas cooperativas que están acelerando su modernización para no quedarse por fuera.
Cada una de esas funcionalidades es una nueva superficie que puede fallar. Cada integración con un sistema legado, cada nuevo flujo transaccional, cada actor que entra al ecosistema multiplica los puntos de quiebre. Y aquí está el punto que quiero dejar muy claro a quienes lideran tecnología en la banca: la complejidad va a crecer más rápido que los equipos. La única forma de sostener calidad a ese ritmo es industrializar el aseguramiento de calidad.
No hablo desde la teoría. Hablo desde los proyectos en los que hemos puesto las manos junto a entidades del sector financiero colombiano. Algunos aprendizajes que se vuelven críticos en el contexto de Bre-B:
Quiero ser honesto sobre dónde está el verdadero salto. Durante años, el aseguramiento de calidad fue visto como el área que “frena” las entregas. En el mundo de los pagos inmediatos, esa lógica se invierte: el QA es lo que permite entregar rápido y dormir tranquilo. Y la inteligencia artificial está haciendo posible esa ecuación.
Con IA aplicada a las pruebas podemos generar y mantener casos de prueba a la velocidad con la que cambia el negocio, anticipar los puntos de fallo antes de que lleguen a producción y simular escenarios de carga y estrés que antes eran inviables por costo o tiempo. En Q-Vision construimos esta capacidad sobre nuestra propia plataforma, IzyTesting, precisamente para convertir el aseguramiento de calidad en una palanca de negocio y no en un freno.
Si algo me enseñaron estos 22 años es que las oportunidades en este sector no esperan. El conocimiento que no se convierte en acción se queda en una buena conversación de pasillo, mientras el mercado avanza. Bre-B nos pone a todos, entidades y aliados tecnológicos, frente a la misma decisión: actuar a tiempo o correr detrás.
Mi recomendación para los líderes de tecnología de la banca es que traten la disponibilidad y la resiliencia de su operación Bre-B como una prioridad estratégica, no como una tarea técnica. Auditen hoy su capacidad de prueba. Pregúntense si su QA escala al ritmo al que va a crecer su transaccionalidad. Y si la respuesta genera dudas, conversemos antes de que el pico de carga la responda por ustedes.
En Q-Vision Technologies llevamos más de dos décadas haciendo precisamente esto: que el software de las compañías más exigentes del país funcione cuando más importa. Bre-B es la próxima gran prueba. Y la calidad, como siempre, se demuestra antes de que el cliente la note.
Hablemos sobre cómo fortalecer el aseguramiento de calidad, las pruebas de performance y la automatización con IA de su ecosistema de pagos inmediatos. Conozca nuestras soluciones de QA con IA.
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